Notas

En la sala de espera

espera.jpg

por Pablo Bustos

 

"La gente a menudo renuncia a dar un gran esfuerzo para alcanzar algo que realmente vale la pena. Se renuncia a obtener por ejemplo un titulo universitario y pagar el precio de plantarse al rededor de cinco años en una escuela. Las personas prefieren ser libres de una vez, obtener un empleo rápido, fácil y ¡ya! pues pagar el precio del tiempo y esfuerzo, entrar en esa sala de espera y esperar largo tiempo no les apetece. El dinero rápido es su mejor opción."

Y es que, ¿Quién quiere perder tiempo en una sala de espera? ¡por Dios!

El premio temporal y pasajero parece ser mucho más fácil y atractivo para la gran mayoría al menos en mi generación.  El "proceso microondas" que conlleva ese logro temporal es mucho más fácil de soportar, y la carga es mucho menos peso para transportar. El aparentemente "exitoso triunfador", es a menudo admirado y celebrado en el momento en que el trofeo se mantiene muy por encima de su cabeza, ya que reciben el aplauso gracias a su evidente éxito. Mientras que quien ha decidido entrar en una sala de espera larga,  plantarse años en algún sitio para hacer una larga y prolongada metamórfosis, que algún día todos verán y admirarán, resulta y parecer ser más perdedor que quien elige el proceso corto y express.

Lo que pocos saben porque no se permiten descubrirlo, es que el secreto de la vida y sus mejores glorias no se obtienen fácil, no se compran en un oxxo o superama, no se meten tres minutos al microondas para después ser disfrutadas. No.  Las mejores cosas de la vida tienen su tiempo, vienen condicionada a una espera. Y es algo que me costó aprender a base de fracasos, decepciones y hasta mucho dolor. El gran trofeo se encuentra debajo de la la piel de una persona, está escondido en el mejor sitio: el alma y su manera de ver la vida. Ese trofeo tiene forma de virtudes, aptitudes, actitudes que se adquirieron mientras se sometieron a un largo proceso. Una personalidad cincelada, golpeada para embellecerla. Y es aquí donde cabe una pregunta que vuela mi cabeza en toda mi larga metamórfosis personal:

¿En quién me convertí mientras me sometí a ese largo proceso?
¿Soy el mismo que comenzó esto?
... No.

Hace un par de  semanas yo estaba viendo una entrevista con uno de los mejores deportistas en todo el mundo. Sólo unos días antes de la entrevista el personaje había publicado una foto de él mismo en su cuenta de twitter. En esa fotografía, a él se le puede ver súper cómodo posando en su sofá y como entendible fondo, todos sus galardones y premios colgados y posando en segundo plano tras él.  La foto muestra la disciplina increíble y una vida dedicada al deporte. Un precio ya pagado pero que sólo pocos, muy poco pueden comprender. Sin embargo, transcurrió la entrevista y todo el patrocinio de marcas que ahora él porta consigo en sus prendas de vestir, lograron desviar a la mayoría del envidiable segundo plano tras el deportista. Parecía como que de pronto no había tal esfuerzo, nadie lo veía más, las grande y lujosas marcas y patrocinios secuestraron la atención de la audiencia.

El esfuerzo y logros no brillaron por momentos más. Parecía como que cualquier podía hacer lo mismo que ese campeón allí sentado. Él confesó que se ha esforzado para lograr lo que ningún hombre había logrado en el deporte que practica, y eso es porque siempre estuvo dispuesto a hacer lo que nadie estaba dispuesto a hacer; negar sus instintos, sus deseos temporales, sus sentimiento y emociones a cambio de lograr lo que ahora es. El punto al que nos estaba llevando el deportista era evidente: nunca tuvo la intención de lograr lo que había logrado. Se pensó que el premio final era más importante que el proceso, pero ese proceso fue el que le trajo tantas virtudes que no tenia.

Mira, hay veces que debes comerte un plato de cereal decorado con injusticia y sazonado con falta de ética. Me lo tragué, tuve que hacerlo, invadido por la impotencia, me parecía increíble que mostrando pruebas y evidencias indiscutibles sobre la canallada que me estaban haciendo director y profesor, aún así tenía que defender esta verdad, no podía creerlo ¿En qué momento uno tiene no solo que probar la verdad pero aun ya probada, salir y defenderla contra todo?

En lo que incluye a mi proceso de formación universitaria, fui blanco de una "canallada" por parte de una persona quien tenia un rango de autoridad sobre mí y una persona que por azares del destino fungía en ese entonces como mi profesor. Lo más asqueroso que he visto en injusticia, lo vi con ellos. Sentí en carne propia la complicidad, la "camaradería" y compadrazgo que se teje en un lugar donde la justicia y las buenas prácticas también deben impartirse.
Mira, hay veces que debes comerte un plato de cereal decorado con injusticia y sazonado con falta de ética. Me lo tragué, tuve que hacerlo, invadido por la impotencia, me parecía increíble que mostrando pruebas y evidencias indiscutibles sobre la canallada que me estaban haciendo director y profesor, aún así tenía que defender esta verdad, no podía creerlo ¿En qué momento uno tiene no solo que probar la verdad pero aun ya probada, salir y defenderla duramente?

Aún con todo lo malo y desagradable, todo ayuda para perfeccionar el carácter.  El proceso de formación y el equipamiento de un estudiante es mucho mayor que la ceremonia tan pomposa y efervescente que hacemos todos al final. Ese aplauso pasajero, momentáneo, que poco será recordado unas dos horas después no refleja lo vivido, lo aprendido, lo soportado, lo cansado, lo paciente que tuve que ser al esperar ese día. El verdadero valor no está en el certificado que al final uno recibe merecidamente o quizá no tan merecido, sino más bien, el gran valor, se encuentra en esa larga metamórfosis, que algún día todos, absolutamente todos verán con sus propios ojos. Es largo y parece interminable permanecer en esa sala de espera, a nadie nos gusta tener que esperar. Pero cuando ves más allá de una sala de espera, cuando para ti el vaso no está medio vacÍo sino medio lleno. Cuando decides elevar tu visión como una imponente águila y no ver solo gusanos en el piso y picotearlos en la tierra como cualquier polluelo. Entonces todo cambia, todo tiene sentido. Y yo sé que cualquiera de las metamorfosis que hoy vivimos,  que hoy sufrimos, todos y cada una,  algo grande y muy valioso harán de nosotros y entonces habrá válido la espera. 

Seguro, hay una sala esperando por ti.